Américo Zambrano Jefe de Investigación de la revista Caretas
“El mejor respaldo que recibo es el incentivo para seguir publicando”
Amenazas telefónicas, básicamente. En unas (llamadas telefónicas) aludían a que me estaban siguiendo. En otras me dijeron que era un soplón y en la mayoría me insultaban. También hubo un intento de ingresar a mi departamento. Y, lo último, el envenenamiento a mi perro. Todo indica, al menos según diversos testimonios, que proviene por hacer este trabajo periodístico.
¿Y de qué forma lo ha afectado, ha modificado su rutina?
Desde hace algunos meses, trato de no repetir las rutas a mi casa y cuando salgo de mi departamento miro a ver si hay alguien por ahí que no conozca o si hay algún carro cerca. Siempre he sido muy observador pero ahora lo hago con más persistencia que antes.
¿Cómo lo ha respaldado Caretas?
Hay una preocupación permanente por parte del Director y mi jefe para saber qué está pasando. Cabe la posibilidad de que pronto haya una custodia por las llamadas. Pero para mí, el mejor respaldo que recibo es el incentivo para seguir publicando. Como dice mi jefe: “no hay mejor arma para un periodista que publicar lo que tienes, no puedes dejar de publicar”.
Luego de ser amenazado, ¿Es conveniente hacerlo público de inmediato
Desde que yo empecé el caso de los Sánchez Paredes en abril de 2007 hasta febrero de este año, comenzaron las amenazas. Todo eso se lo comuniqué a IPYS, que es una organización de protección a los periodistas, entonces ellos me preguntaron si era necesario que se emita una alerta, y yo dije que no porque consideraba que los hechos habían sido muy esporádicos. Simplemente se los conté porque no puedes subestimar las amenazas.
Y desde esa perspectiva, ¿Hasta qué punto un periodista puede tratar de “ignorar” las intimidaciones para continuar con su investigación?
Un periodista no debe ignorarlas nunca. Si un periodista está haciendo una investigación sensible que va a pisar cayos y, de pronto, se ve amenazado, inmediatamente debe comunicárselo a sus familiares o a las personas de su entorno.
¿Qué otras medidas se pueden adoptar?
En particular, yo trato de registrar el tipo de agresión, la fecha y hora de la agresión. Es decir, llevar un registro pormenorizado de ese tipo de situaciones y comunicárselas a las personas porque, de pronto, si algo sucede y el periodista no ha hecho caso a este tipo de cosas, nadie va a saber todo lo que ha habido detrás.
Y si las amenazas se extendieran hasta los familiares.
Afortunadamente, esto no ha sucedido en mi caso. Pero si me pasara habría que evaluar hasta qué punto te afecta esto o te hace retroceder. Es una decisión muy personal. Lo que busca este tipo de intimidación es precisamente eso, intimidar, y evitar que publiques la investigación.
¿Lo han conseguido con usted?
Este tipo de llamaditas no me asustan ni me perturban. Pero lo del perro si me pareció un golpe bajo, un toque cruel. Ahora sólo tomo precauciones, pero continúo con las ganas de seguir publicando
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